Nuestra visión

October 9, 2015

 

El mapa, más alla del diseño

 

El mapa moderno, en tiempos en que se ha completado el conocimiento de los territorios de nuestro planeta y se poseen los avances tecnológicos mayores de la historia para su ejecución, se halla concentrado casi exclusivamente en dos aspectos: la exactitud en la representación de la realidad y la producción de un objeto con estética en el diseño. Los sistemas de proyección, las escalas, los símbolos y toda la parafernalia que los hace posibles y a veces los domina, son sólo medios que deben ser atravesados para permitir ver en ellos lo que subyace detrás del mero objeto representado.

Los mapas antiguos están festoneados o decorados con imágenes de toda clase de monstruos, marinos y terrestres, y a veces éstos también intrusionan en las tierras o mares representados, fruto quizá de una necesidad del usuario más que del gusto de los cartógrafos. Posiblemente los navegantes en aquellos viajes de descubrimientos tomarían esos monstruos con pinzas, pero aún así muestran una concesión al "gusto" de la época, no lejano de la mitología.

El mapa de hoy, además de ser algo útil, dice y comunica muchas más cosas que las que una cándida lectura visual puede dar. Hay que sacar a los mapas de su prosaico mundo plano, de dos terrestres dimensiones, y darles la honda pluridimensionalidad de lo humano.
 

El diseño del mapa y del plano 

El mapa, cuyo objeto es representar la totalidad o grandes sectores de la superficie terrestre sin ningún tipo de distorsión, debería tener una superficie esférica como la de un globo terráqueo, pero para mostrar grandes porciones geográficas con precisión, la superficie esférica de la Tierra se transforma en una superficie plana mediante una proyección. Pero el plano pretende representar (al menos en la gran mayoría de los casos) una superficie que ya es plana de por sí –y de ahí su nombre–, y por lo tanto no es necesario recurrir a complejos sistemas de proyección.

Si bien un mapa tradicional puede ser –y en realidad es conveniente que siempre sea– un objeto con buen diseño, esta cualidad no le es esencial como lo son la claridad y la exactitud, fundamentales para su correcta interpretación.
Actualmente la infografía aplica procedimientos informáticos y sirve para hacer comprender mejor algo, utilizando muy frecuentemente mapas, planos, esquemas, croquis, y en éstos sí se considera de suma importancia el buen diseño, porque –afortunadamente– éste ha ido ganando terreno como un valor cultural y hace que sea más apreciado. Se puede por lo tanto hablar del poder del diseño.
Tanto un mapa como un plano son un elemento documental casi insustituible y las cualidades que deben poseer, en cuanto objeto de diseño, es una buena diagramación, esencial la exactitud y muy importante la claridad –para su correcta y rápida interpretación– pero cobran mayor valor relativo la expresividad y la belleza, cualidades estéticas que tienen destacada importancia y constituyen al plano en un objeto de diseño en sí mismo.
La superficie ocupada respecto a la total, el adecuado balance entre llenos y vacíos, las proporciones entre las partes, son básicas para su lectura y apreciación, son la puerta de entrada perceptual, y de aquí surge también la elección de la escala de la representación y el tamaño de la superficie de soporte del mismo (superficie en el que se lo imprime o monta).
La cualidad que le sigue en orden de importancia es la jerarquización de las partes o elementos del dibujo, para hacer destacables los más importantes. Ello se evidenciará en el espesor de los trazos, los grafismos elegidos, la selección de los colores, el equilibrio entre áreas del dibujo, la notación, la tipografía empleada y su tamaño, etc. Todos estos aspectos están en relación con la claridad del objeto representado y conducen a su inteligibilidad.
Otra cuestión sumamente importante es la elección de los signos y de los símbolos que representan objetos y/o sus cualidades, y para ellos existe ya un repertorio comúnmente aceptado, pero muchas veces un mapa o un plano pueden requerir de nuevas convenciones representativas, o también el diseñador puede formular y usar nuevas, simplemente con el objeto de innovar la forma de representación, como manera de expresarse o para un mayor lucimiento del trabajo.                                
Cuando el paisaje juega un papel preponderante, los mapas y planos comunicacionales conviene que sean (o deben ser?) del tipo naturalista, no abstractizante, porque lo que representan, en su gran mayoría, son elementos vivos –la vegetación– que no pueden reducirse a geometrizaciones, y además porque el paisaje y su diseño tienen una íntima relación con la vida, que no admite esquematizaciones. Por lo tanto, en el diseño de los mapas o cartas de Nuestros Ríos, hemos incorporado a la Fotografía Satelital como elemento que prevalece y que reúne todas las cualidades expresadas.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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